No vinimos a ser arcilla

“We all make mistakes, we do, I learnt from you” dice la canción de una mujer que canta y transforma la vida de quien escucha, como si supiera que lo que más necesitamos en este momento es soltar la carga de errores que parecen tatuarse en nuestra piel. Escúchala bien, cierra los oídos a las voces que susurran imágenes del pasado. Diles, que fuiste pequeña, que fuiste lo que mejor pudiste y que si pudieras regresar el tiempo, quizás caminarías igual, para llegar como huracán al lugar donde respiras hoy.

Aquí estamos todas, o varias, navegando en el barro de las culpas, los fracasos y las expectativas, intentando llegar limpias a un nolugar de realización. No existe aquel lugar. No existe ninguna meta, pues el éxito en estos tiempos es simplemente sobrevivir – surviving is the new success-. Las veo exhaustas, sin respiración, ahogadas por la ansiedad de llegar a ser todo lo que una mujer empoderada debería ser. Caemos nuevamente en las trampas de lo que se espera de las mujeres, pero ahora la barra nos la han puesto aún más arriba y nosotras, seguimos mirando hacia allá, enfocadas, concentradas, preparadas. Siempre listas y siempre vivas.

Amar es subversivo sí, pero amarnos es aún más rebelde y transformador.  Tenemos que mirar nuestros pies y agradecerles porque no han dejado de caminar, sentir nuestros brazos y usarlos para crear tejidos que nos unan, como telarañas que sostienen, lo suficientemente fuertes como para protegernos y tan invisibles como para pasar desapercibidas a los ojos de la exigencia y a los golpes que violentan. No más. No vinimos a ser arcilla, llegamos a ser malezas que crecen donde ellas quieren y como lo escogen.

Dicen que nos pusieron a sangrar como castigo de pecado. Hay quienes de verdad lo creen, por eso se esconden, por eso bajan la voz. Hay muchas que siguen pidiendo disculpas por dejar salir el fuego que las quema por dentro, intentan apagarse para no derretir todo lo que las rodea, pero no se han dado cuenta que ese calor es lo que el mundo de hielo necesita. Hay que prender las antorchas que nos quemaron vivas, esta vez para iluminarle el camino a las que vienen.

Por eso, cada vez que sientas culpa por ser tu máxima expresión de cristal contra el miedo, sólo recuerda que las abuelas nos abrieron la trocha. Mi abuela, sufrió en silencio los abusos de un padre maltratador, a quien cuido luego en su lecho de muerte, pues a ella le dijeron que las mujeres podíamos aguantar todo y aún así, ser compasivas. Yo he aprendido a tomar las lecciones de mi abuela y a redefinir que la compasión y el verdadero amor empieza hacia nosotras mismas, que el perdón no sale de nosotras hacia el mundo, el perdón nace en nosotras para hacernos fuertes, para comprender nuestra asfixia y desembocar la paciencia. Paciencia.

No nos explotemos como dientes de león, mantengámonos enraizadas para crecer más fuertes y para enredar a las que están perdidas, a las que saben que hay algo más pero no lo han encontrado. Seremos más, seremos semillas.

We all make mistakes…we are all the same.

La Quiltra.

  • Ilustración de Valentina Romero Mateo, Colección: ‘Women we are all the same. Existo porque resisto’ 2016, Berlín. Link: http://valentina.lev-studio.com/vandals/
  • Canción de Lianne La Havas ‘No room for doubt’

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